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  • Lee Vincent

¿Hay racismo en la Romántica?

No toda historia de amor comienza con una rubia de ojos azules y un vaquero de ojos verdes


Saludos, queridos lectores:

Es grato estar aquí en mi blog después de tanto tiempo. Hoy voy a tocar un tema un poco controversial y que ha tomado gran auge en estos últimos días, el racismo. En particular, el racismo en la novela romántica.

Cuando me preparaba para escribir esta entrada me di a la tarea de investigar el tema y me encontré con varios artículos que esbozan esta problemática. Habrá quienes piensen que es imposible que en pleno siglo 21 se dé el racismo en las letras, sin embargo, después de mi corta investigación he de decirles que es un tema un tanto “tabú” en el mundo de la novela romántica o sentimental.

Comenzaré compartiendo con ustedes un resumen de un artículo que publicó CNN el 17 de enero de este año que lleva por título: No hay mucho amor en la novela romántica. El artículo escrito por Roxanne Jones detalla varias cosas que son importantes destacar.

Primero menciona que la Romance Writters Asociation (RWA, por sus siglas en inglés), con más de 9 mil miembros: “se tambalea por las recientes críticas y acusaciones de racismo y falta de diversidad en el mundo de las publicaciones de novelas rosa; un sector multimillonario que desde hace tiempo viene siendo criticado por su falta de diversidad e inclusión”.

La columnista añadió en ese mismo artículo que tanto ha sido el escándalo que la RWA se ha visto obligada a cancelar el premio RITA este año 2020 luego del retiro de un gran número de escritores y jueces, y la renuncia de varios integrantes de su junta directiva. Cabe mencionar que no fue hasta el 2019 que dos escritores negros pudieron alcanzar este galardón después de 37 años.


En el 2019 fue el primer año que dos escritores negros fueron galardonados por primera vez con el premio RITA de la Asociación de Escritores de Novelas Románticas de América,

después de 37 años de fundada esa entidad.


Argumentó Roxanne Jones como parte de su artículo que “el drama comenzó cuando la entonces presidenta de la comisión de ética de la RWA, la autora Courtney Milan, una chinoestadounidense acérrima defensora de los escritores afroamericanos, se refirió públicamente a un libro de la autora Kathryn Lynn Davis titulado “Somewhere Lies the Moon” como a un ‘maldito desastre racista’ que describe estereotipos perjudiciales de las mujeres chinas”.

En resumen, Davis alegó que tras las críticas de Milan perdió un contrato para uno de sus libros y Milan fue censurada y despedida de por vida de la RWA. A partir de ese momento, muchas voces se levantaron a favor de Milan, sin embargo, al parecer la decisión de la asociación de escritores será final y firme.

Menciona Roxanne Jones que “irónicamente la RWA fue cofundada en 1981 por una mujer negra, Vivian Stephens, exeditora de Harlequin Books y editora de Dell Publishing. Stephens fue una pionera que ayudó a crear una lucrativa carrera a las mujeres negras que escriben novelas románticas”.

Cabe destacar que una de las cosas que más me llamó la atención de este artículo es el testimonio de la propia autora que también es de la raza negra: “Y para las lectoras como yo, el trabajo de Stephens ha hecho una gran diferencia. No toda historia de amor comienza con una rubia de ojos azules y su vaquero de ojos verdes. Y si bien esto parece obvio hoy, hasta los años 80 era casi imposible encontrar un libro que contara una historia de amor sincera sobre las mujeres que se ven como yo”.

Así que tuve que hacerme un examen de consciencia como escritora de novela romántica y repensar un poco más allá del cuadro mental que tenemos muchos autores, que cuando pensamos en protagonistas quizás optamos por un hombre moreno o rubio, alto, fuerte, poderoso económicamente, y si es buen empotrador mucho mejor. ¡Cuántos estereotipos, señores!

Quiero destacar que no todas las autoras han sucumbido a esto. Tengo un fabuloso ejemplo en la compañera Isabella Abad. Tiene dos novelas cuyas protagonistas son mujeres negras: Azmina (cuenta la historia de una esclava) y Crueles cadenas (historia contemporánea). Son novelas cuyas protagonistas se salen del cliché que nos hemos autoimpuesto. Imagino que existirán otros autores que también le han dado paso a la diversidad a la hora de perfilar a sus protagonistas. ¡A esos vaya mi reconocimiento!

En fin, me pregunto ¿quién determina que un protagonista debe ser blanco o rubio si no es el autor de la novela? ¿Se imaginan un Christian Gray, de 50 sombras, negro y empotrador? Pues debemos de comenzar a romper esquemas y a ser más diversos a la hora de perfilar personajes. Solo siendo inclusivos acabaremos con los estereotipos que nos impiden salirnos de nuestros propios paradigmas.

¡Hasta la próxima!

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